El pasado 9 de julio la Fundación Ferrer i Guàrdia organizó el seminario “Políticas de juventud en tiempo de Covid-19: retos y mecanismos para la transformación”. La situación desencadenada por el COVID19 ha puesto de manifiesto la existencia de una concatenación de crisis (sanitaria, económica, ambiental, de calidad democrática, etc.) que afectan especialmente a las personas jóvenes, incrementando su vulnerabilidad social. Es necesario elaborar diagnosis precisas sobre cómo afectan estas crisis a las condiciones de vida y expectativas de futuro de las personas jóvenes, y también repensar como tendrían que ser las políticas de juventud me este nuevo contexto. Por eso, la Fundación Ferrer i Guàrdia ha organizado varios seminarios para ayudar a elaborar una respuesta conjunta para abordar esta crisis sistémica.

En este seminario hemos contado con la participación de expertos y expertas de varios ámbitos de las políticas de juventud que nos han dado su visión sobre la situación actual y sobre como abordar los retos de las políticas de juventud.

En el seminario se ha puesto de manifiesto que las políticas de juventud son de alcance limitado y con poca capacidad de incidencia, el que hace que aumente la necesidad de abordar los diferentes retos que surgirán.

Hace falta, pues, que se replanteen las políticas públicas en el nuevo ciclo económico, en general, y las políticas de juventud, en particular, dándolas más centralidad e incorporando la mirada joven en las políticas de carácter transversal, atendida la interseccionalidad de las problemáticas que los afectan.

Será de especial relevancia trabajar en el ámbito educativo, puesto que se desarrollará un incremento de desigualdades y de abandono escolar. También en el ámbito universitario habrá que repensar los contenidos y la orientación universitaria, puesto que habrá incremento del paro y la precariedad, teniendo una afectación directa a las trayectorias vitales y emancipadoras de los y las jóvenes.

Se espera un incremento del teletrabajo, pero tenemos una estructura económica que se sostiene en mano de obra de baja calificación. Si no hay un cambio sustancial del modelo productivo, nos encontramos ante una economía que no permite el teletrabajo en muchos ámbitos (trabajos de curas, servicios presenciales, etc.). De hecho, es probable que, cuando menos en el corto plazo, no haya cambios en el modelo productivo, sino más bien en la estructura del trabajo. Haría falta, pues, potenciar la economía social y cooperativa vinculada en el territorio y promover la implicación de personas jóvenes.

La digitalización y el uso de herramientas telemáticas tiene dos caras. Si bien por un lado puede ofrecer oportunidades para trabajar, estudiar, relacionarnos o para la participación ciudadana, también puede acontecer un nuevo eje de desigualdad, y acentuar las brechas, no solo de acceso a las Tics, sino d´uso y de calidad de uso.

La crisis probablemente comportará una atomización de las relaciones personales. Esto tendrá también consecuencias sobre las formas de participación; puede acentuar el distanciamiento de las personas jóvenes de las instituciones públicas. Hay que escucharlas más y hacerles partícipes de las soluciones.

Estas desigualdades, sin embargo, afectarán de forma diferenciada según el territorio, los recursos económicos disponibles o el capital cultural. A medio plazo, se tendrá que repensar también el modelo productivo y las estrategias de reparto del trabajo con medidas de protección social, como la Renta Básica de Ciudadanía.

La Fundación Ferrer i Guàrdia trabaja desde hace más de 30 años para mejorar las condiciones de vida de las personas jóvenes, enfatizando la importancia de su participación en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas que los afectan. Esta crisis pone de manifiesto la importancia de impulsar las políticas de juventud de forma integral, para evitar incrementar la desigualdad y la vulnerabilidad de una generación de jóvenes que ya fue golpeada por la crisis anterior. La situación exige medidas contundentes, coordinadas y participadas por los propios jóvenes. La Fundación Ferrer i Guàrdia contribuye desde la generación de conocimiento y mediante la investigación de espacios de diálogo y acuerdo entre los diferentes actores protagonistas: las instituciones públicas, los profesionales de las políticas de juventud, las organizaciones juveniles, el mundo académico y los y las jóvenes.