El Consejo de la Juventud de España acaba de presentar el quinto número del Observatorio de Emancipación en cuya elaboración ha colaborado el Institut d'Anàlisi Social i Polítiques Públiques de la Fundació Ferrer i Guàrdia.

De nuevo, los datos que nos ofrece reflejan una realidad bastante poco halagüeña en cuanto a las opciones de la juventud para abandonar el hogar familiar. No nos queda más remedio que concluir, una vez más, para la mayoría de la población joven española, emanciparse no es más que una quimera, una ilusión.

infografias-01

La exclusión del mercado laboral y la precariedad de los empleos a los que acceden las personas jóvenes parecen ser las principales causas para que cualquier posibilidad de emanciparse, ya sea comprando o alquilando, sea inviable económicamente para la mayoría de las y los jóvenes. Podríamos sentirnos optimistas al conocer los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), pues se han difundido con bombo y platillo como un gran descenso del paro, también del juvenil. Sin embargo, dicho descenso no ha servido para que podamos dejar de calificar como dramática la tasa de desempleo joven, puesto que sigue en el 53%. Que no se nos olvide, además, que el segundo trimestre de cada año, que es el que ha medido la última EPA, suele ser un período de aumento de la ocupación y, que tampoco se nos olvide, que la mayoría de los nuevos empleos que se han creado son temporales y precarios. Las características de los puestos de trabajo a los que efectivamente se está incorporando la juventud española no le permite, de facto, dejar el domicilio familiar: El coste de acceso para la compra de una vivienda libre equivale al 61,5% del salario que percibe una persona joven de 16 a 29 años en España, rebasando el umbral del 70% en Álava, Barcelona, Baleares, Vizcaya, Gipúzcoa, Madrid y Ceuta. Si hablamos de alquiler, ese porcentaje sería del 52,1%.

Las personas jóvenes consiguen a trabajos temporales (la temporalidad, además, ha aumentado respecto al último número del Observatorio) con contratos a tiempo parcial (El 27,8% de los contratos) y, por otra parte, suelen tener una cualificación por encima de la requerida para los puestos que ocupan (la sobrecualificación afecta a más de la mitad, el 54,9%, de la población joven asalariada menor de 30 años). En este panorama, emigrar no parece una mala opción: En el año 2012 (última fecha disponible), los movimientos migratorios de la población joven de 16 a 34 años en España muestran, con respecto a un año atrás, un aumento de la emigración y una fuerte disminución de la inmigración. El balance de los flujos migratorios en 2012 se saldó con 12.438 jóvenes entre 16 y 29 años menos en el país, debido a la fuerte reducción de la inmigración, un 19,95% inferior que un año atrás, y al leve repunte de la emigración en esta franja de edad, un 5,79%.

Así las cosas, se necesitan medidas sociales compensatorias que permitan emanciparse a las y los jóvenes españoles pero, sobre todo, es urgente promover la creación de empleo joven, vía contratación o autoempleo, asegurando unos ingresos dignos que permitan vivir de forma autónoma. Es la única forma de parar la emigración, es la única de forma de que el Estado español deje de ser un país para viejos, es la única forma de que la crisis desaparezca y se recupere el estado de bienestar.

Enlace al 5º número del Observatorio de Emancipación